Y el mundo sigue igual

12 06 2008

Bueno, tiempo ha que no escribo. Ya sabéis, el trabajo, la novia, la Universidad, la parroquia, traducir el blog de Scott Guthrie … quizás son escusas que busco, pero bueno. De vez en cuando algo escribo. Y hoy pues nada, tampoco es que haya mucha inspiración ni tiempo, tengo un exámen el miércoles y hay que estudiar…

Pero a lo que vamos, si nos dejan. Los transportistas… cierto es que el mundo no va bien, cierto que las cosas están caras. Pero, habiendo cosas caras, siendo de Sevilla … hay cosas que no me entran en la cabeza. Es una pena que pasen cosas como las que estamos viviendo, pero alguien dijo una vez, y se seguirá repitiendo: tenemos lo que nos merecemos.

¿Como es posible que suban los precios de productos básicos como la leche y no se mosquee nadie? Entiendo mosquear como: manifestarse y expresar la incomodidad del pueblo. Hace poco más de 20 años pasa esto, y está toda España en la calle. Y hoy día todos en nuestras casas con el aire acondicionado, viendo la tele, pensando: “Ya pasará”. Eso si, si a mi equipo lo van a descender a segunda por no pagar noseque cuota, corto todas las calles, carreteras, caminos, via pecuaria y todo lo que se pueda cortar (lo digo por el Sevilla C.F., ¿ya lo habéis olvidado?)

Me gustaría dejar de escribir en este blog sobre las cosas que me indignan de esta sociedad, pero el mundo sigue su ritmo y pasa de mi, de Dios, del Amor, y de todo el mundo. Se (Nos) deja llevar por el dinero, el poder y la gloria, cuando esas cosas no nos van a servir para ser felices. Lo sabemos, lo sabían los antiguos.

A cada minuto repito la frase: “Padre, perdónanos, porque no sabemos lo que hacemos.”





El motor del mundo

29 03 2008

No voy a decir nada nuevo, como siempre. Pero suele ser conveniente de vez en cuando que recordemos ciertas cosas a lo largo de nuestra vida, para que, valga la redundancia, no las olvidemos. De vez en cuando necesitamos un toque de atención sobre ciertos aspectos ya que el hombre es el único animal que tropieza varias veces (no sólo dos) con la misma piedra, y yo el primero.

Y es que ante tantos ataques de hipocresía que solemos ir viendo en los telediarios, nuestra mente se nubla y se hace inmune. Es la costumbre y la tradición. Aunque haya muchas cosas que destacar todos los días en todas las partes del mundo, y sin desmerecer los males que están sufriendo muchas personas en el mundo, hoy quiero hacer una reflexión y hacer ver la viga que tenemos delante de nuestras narices que no vemos, o mejor dicho, que no queremos ver.

Sigo reiterando que aunque un individuo pueda llegar a ser lúcido e inteligente, la masa siempre es estúpida e ignorante. Digo esto gracias a nuestro deporte rey, el fútbol.

Por todos es sabido que en todos los partidos caen objetos al terreno de juego. Miles de BORREGOS arrojan un montón de cosas. Y como es normal, de vez en cuando, alguien sale herido. Lo pero de todo es que no sólo ocurren cosas dentro del campo, también fuera. Y vemos ya acostumbrados a BORREGOS que apuñalan a otros por TONTERÍAS.

¿Y cual es el resultado? Un hombre apuñalado, otro con una contusión, y un largo etcétera. ¿Y que hacen los tribunales y juzgados? NADA

NADA = Normalmente nada, otras cerrar el campo durante tres o cuatro partidos. Pero encima es que  suspenden cautelarmente esa sanción.

¿Porque no se suspende la liga cada vez que alguien tire algo al campo?. Tampoco es tan difícil. Se corta ahora, y hasta el año que viene.

Según tengo entendido hay precedentes de esto. No sé en qué competición europea, todos los equipos ingleses fueron descalificados porque sus aficionados (BORREGOS) habían montado tal escándalo en las calles que no se qué organismo decidió echar a los equipos para que se llevasen a sus BORREGOS con ellos.

Lo que propongo no se hace por dinero, por supuesto. El dinero da riqueza, trabajo, entretenimiento. ¿Pero tiene que generar en huesos rotos, contusiones, incluso muertes?

No creo que sea tan bárbaro lo que estoy proponiendo, más bien es utópico.

El problema es la educación, y eso lo sabemos todos. Pero el problema de esa solución es que es a muy largo plazo. Y necesitamos una solución YA.

Hace tiempo que se perdió el control, y ahora lo que hace falta es mano dura. No en forma de violencia, la violencia es el último recurso del incompetente.

Pero claro, se perdería mucho dinero. Y eso es lo que no puede ser.

¿Os parece un buen dios Don Dinero?

Yo creo que no.





El mundo en guerra.

3 09 2006

El tiempo fue pasando, tanto para él como para ella. Él tenía un compromiso desde hacía tiempo, ella tenía que cuidar a alguien. Él debía irse a representar a su país a un congreso internacional, ella tenía que atender a su querido padre.

Hay gente que no cree en las señales ni nada de eso, pero el mismo día de su marcha acontecieron dos fechas únicas de por vida. Era su onomástica y el día que cumplía un mes con aquel ángel. Demasiadas fechas para recordar en un mismo día.

Fue un mes increíble, habían pasado muchas cosas. La guerra terminó, no importa mucho quién ganara, nunca hay ganadores sólo vencedores y vencidos. La leyenda del Fénix tiene sentido, en mitad del polvo de dos caminos surge algo. En mitad del polvo de la guerra surge algo.

Y duraba, casi dos meses, ya habían pasado dos meses. Muchos cambios, nuevas experiencias. El comerciante había cambiado, sus amigos se lo decían. Y él lo sabía, ya no se despertaba cada día maldiciendo al sol, todo lo contrario, ahora lo saludaba incluso.

Exactamente dos meses, los meses más maravillosos que había vivido. Ya se habían cumplido. Y seguirían cumpliendo más muchos dos meses. Eso lo tenía claro.

Y seguían ocurriendo más señales.

Justo el día en el que se cumplían dos meses, otra fecha importante para él, otro trabajo bien hecho. De ese trabajo dependía que le ascendiesen. Y pensaba conseguirlo, ocurriese lo que ocurriese.

Siempre, con ella a su lado.





El mundo en guerra

7 07 2006

El mundo estaba en guerra, todos los países, unos contra otros. La mayoría habían caído, demasiadas bajas en el tiempo que tarda la Luna en renovarse. Sólo quedaban cuatro en pie de guerra. Sólo cuatro con ganas de seguir luchando, sólo cuatro con algunas posibilidades de poner fin a la masacre, para muchos injusta.

Sólo podía quedar uno, todos lo sabían. Y aún sobrevivían cuatro. Era el día de la independencia americana, amargo día. Los Estados Unidos no podían celebrar aquel día, hacía tiempo que fueron borrados del mapa, allí todo era barro, inmundicia, suciedad, pobreza y desilusión. No querían seguir luchando, lo único que podían hacer era esconderse.

Una importante batalla se estaba desarrollando en algún lugar de Europa. Las fronteras ya no estaban para nada claras. Parecía que estaba organizado, por las noticias se sabía que sólo eran dos los que participaban en el aquel escarnio y rechinar de dientes.

Cruenta batalla, no se puede decir que fue larga puesto que duró poco más de dos horas. Las fuerzas estaban muy equilibradas, nadie sabía por quién apostar. Justo al final, un par de ataques marcaron el final, un par de golpes maestros cuando todo parecía perdido. Lo que quedaba del conquistado terminó por derrumbarse, y lo poco que quedaba del conquistador se hizo, quizá por una ilusión óptica, más grande.

Y entre tanta barbarie, en la distancia, parecía que quedaba tiempo para seguir viviendo, aunque fuera sólo por un momento.

En algo que se parecía a una barra de algo que podría ser un bar en tiempos de guerra, se seguían con inquietud las noticias que iban llegando a cuenta gotas.

Allí estaba nuestro comerciante, intentando refugiarse lejos de las zonas de conflicto. Había aprendido que por mucho que le paguen por sus mercancías en tiempos difíciles, no valían tanto como su propia vida.

Corría el riesgo de quedarse ciego. No estaba muy claro el origen del alcohol que allí servían, de hecho en muchos lugares lo destilaban ellos mismos. No se hacía por malicia, sino más bien, por encontrar un poco de paz aparente en lo que quedaba de sus míseras vidas.

El ángel apareció como solía hacer, siempre a la misma hora. Llevaba un tiempo frecuentando aquel lugar, y como otra noche más, él fue en su busca. No se atrevería a ponerle un par de velas y hacer alguna que otra promesa. Sólo podía ofrecerle compañía en la soledad que compartían de un mundo que se estaba viniendo abajo.

Sumergidos los dos como estaban en la angustia de una guerra mundial, se dieron una oportunidad. El miedo manaba por los poros de los dos entes que parecían haberse quedado solos en aquel bar improvisado, por lo menos el comerciante así lo pensaba. El tiempo se detenía cada vez que el ángel dejaba caer una mirada sobre sus ojos. Como el río aguanta con fuerza el caudal, así se aguantaba el comerciante, porque pensaba que aquel no era el lugar. Ya no le importaba para nada el combate que estaba teniendo lugar.