La calma

14 07 2007

Era tarde y estaba sentado. Había estado cansado otras noches, pero esta no. El olor de la noche de verano se precipitaba por la ventana en la habitación, con calma almizclera.

No recordaba haber pasado un año como aquél en su vida. Ántes de eso, estando destinado en el centro de la lucha, en el borde exterior, las tensiones casi le partían en dos el alma. Pero sabía que estaba por llegar la calma, se decía: “Ya no debe quedar mucho”. Mucha paz y tranquilidad le resguarda ahora en sus brazos. Creyendo que hecha de menos el olor a mundo extraño, a planeta casi deshabitado exalando su último suspiro, a emboscadas y a los tiros.

Por eso esta sentado, tarde, con la cabeza sin parar, por calmar la necesidad de hacer algo, siempre constructivo. Y se entretiene leyendo, como nunca antes había hecho, traduciendo escritos como nunca antes había hecho, y seguía aprendiendo como nunca antes había hecho.

Llevaba apenas un año en el nuevo mundo, y sólo tenía un sentimiento que le sabía a gloria recorriéndole el cuerpo, y sólo una palabra por la cabeza: gracias.


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