Una estación.

17 10 2006

Una bruma tambaleante y sudorosa se arrastraba por los andenes de aquella estación. No había pasado mucho, más bien nada. Con la media sonrisa típica de un tipo que acaba de enterarse de una buena noticia. Apoyado en una columna que sustentaba el techo de la vieja estación vio cómo la vía solitaria le decía: “No chico, todavía queda”

Sin dejar de sonreír encendió el primer cigarrillo de la cajetilla de tabaco que acababa de comprar. “Algún día lo dejaré” se decía, pero lo cierto era que estaba muy enganchado, lo que hizo que anduviese a las afueras del recinto con una tos seca a sus espaldas, más lúgubre que de costumbre por la resonancia del lugar.

Se unió a la bruma exhalando el humo de aquel cigarro, sin querer oír la tos que le perseguía. La alegría llenaba su cuerpo, y como loco empezó a reír en solitario en la oscuridad. “No chico, todavía queda”, su respuesta: “No tengo mucho interés en volver a verte vieja estación” resonó en el eco de una bruma tambaleante y sudorosa que se arrastraba por los andenes ….


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