De profesión aprendiz. (IX)

21 06 2006

Definitivamente, no era un aprendiz. Llevaba tiempo demostrándolo, pero tuvo que esperar al momento idóneo. Todo fue un éxito. Como suele ocurrir, alguien se interesó, pero debía esperar si quería asentar algún acuerdo y llegar a un compromiso por ambas partes. Había mucho de lo que hablar.

Ahora lo que le preocupaba era la segunda parte del plan. Había conseguido subsanar algunos problemas que habían surgido. Como siempre no eran problemas cuyas soluciones aparecían en su libro. Lo que el texto no sabía es que tuvo un buen maestro (cierta persona diría: Y una mierda, tuviste al mejor.)

Así que salió airoso de la situación.

Era momento de ponerse en camino hacia un posible destino que se habría ante él.

Se reencontraría con antiguos amigos, esperemos que no entorpezcan el destino que andaba buscando. Así que repasó el libro por última vez antes de partir, lo cerró y se puso en camino.

Sólo era cuestión de tiempo.

El tiempo se resbaló, pareció tropezar con algo llamado reloj, y el momento llegó.

La cosa ocurrió muy rápido, demasiado.Estaba ante la puerta. La marca que le dejó la cueva en el hombro empezó a latir.

Decidió mandar una señal para despistar a la guardiana.

Pareció funcionar, pero nada más verlo, todo el plan se fue por el desagüe. Estaba preparado para el éxito o el fracaso. La indiferencia tomó la forma de la Lanza de Longinos. No, pocos están preparados para eso.

Agarró la lanza, intentó luchar, pero no pudo. Su maestro no estaba con él, no sabía que hacer. Ahora estaba sólo, confiaba demasiado en si mismo, iba seguro, lo esperaba todo fracaso o éxito, pero no indiferencia. No, nadie lo esperaba.

¿Dónde estas, maestro qué hago ahora?¿Es que no he terminado aún?

La agonía se hizo luz negra, y se fue apagando. De rodillas y temblando en el suelo, vomitó. Se iba apagando la luz.

Lentamente, sus fuerzas se esfumaban también. Su sudor se transformó en un charco a su alrededor, hasta tal punto que le pareció ver el rostro de su maestro en el reflejo.

Una mirada seria, no de enfado, más bien la mirada con la que un padre observa al hijo mientras éste … se cayó.

Lo último que sintió fue el sabor del suelo sucio.


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2 responses

22 06 2006
edinne

Es duro terminar de crecer, verte solo ante el mundo. Pero antes o después a todo el mundo le llega el momento.

26 06 2006
Miranda

Buscando algo de Tiza encontré tu blog. Lo he puesto en mi lista de favoritos, pero ahora entro y no leo nada nuevo. Anda, escribe algo!

Un beso

Miranda

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