La magia tiene forma.

13 02 2006

Hay una leyenda que dice que existe un sitio en el que siempre es primavera. Que los campos están siempre en concierto multicolor sin descansos. La brisa galopa por encima de las flores dando ritmo al compás que marcan los pájaros con sus trinos y el ondular de sus alas.

Tras los campos está el bosque, verde, lleno de vida, y tras el bosque está, como siempre, la parte prohibida en la que muy pocos se atreven ni siquiera a pensar. Tampoco es que fuese un lugar tétrico y oscuro, sólo lo parece cuando se compara con los alrededores.

Y es por ello, que a ese tipo de lugares se le atribuyen cuentos, se escriben historias y borradores para luego pasarlos a limpio y darles un tono aún más tenebroso con un tipo de letra barroca.
Pero los que escriben esas historias no saben que se equivocan en el objeto en el que centran sus inquietudes. El lugar es sólo el continente. Lo inquietante es el contenido, la fuente de donde manan tantas historias tan aterradoras y algunas veces maravillosas. 

Este continente encierra un pequeño altar. Un altar de mármol de la más alta calidad. Ornamentado con unas tallas un poco curiosas. Están grabadas unas voces que simulan que han vencido. Alguien resbalándose del cielo y tropezándose con el suelo. Una pareja de mariposas danzando, haciendo un homenaje al viaje de una nube. Y otras muchas escenas que se antojan imposibles de describir a este inexperto escritor.

En realidad, parecía que el altar y sus tallas estaban vivos, y es que el altar respiraba tiempo y las tallas sabiduría. Un tiempo infinito y una sabiduría que respondía a todas las preguntas nada más aspirarla.
En lo alto del altar hojas de laurel y olivo, impolutas y perfectas, como recién colocadas. Y sin embargo daba la sensación de que llevaban ahí mucho tiempo. Lo único que hacía presagiar que aquello estaba recién colocado era la vela encendida en el lado derecho, nueva e inconsumible. La llama bailoteaba a la par del azar más preconcebido.

Y acunada en el centro, semidormida, la magia con forma. Cualquiera puede adentrarse y cogerla, no hay trampas. Sólo el deseo de hacer feliz al que se cruce por su camino. Esa es la imposición del que te ofrece la magia. Pocos se han atrevido a adentrarse y cogerlo. Los prejuicios del sitio, y las historias que cuentan de aquel lugar hacen incluso que el más fuerte y valiente se lo piense dos veces antes de entrar, enfrentarse a los más increíbles peligros inexistentes y coger el tesoro que pocos conocen y tantos anhelan.
Esto no es habladuría pero, hubo una vez un intrépido ignorante de todas esas cosas que se adentró allí. No es una historia inventada porque conozco al tipo.

A este ignorante resulta que le gusta mucho descubrir rincones y recovecos hermosos, y aquél lugar le estaba llamando. Bueno, el lugar no, más bien lo que había allí dentro como he dicho antes.
Aunque era nuevo en aquel lugar, no se preocupó de preguntar qué había más allá del bosque. Y una tarde que se antojaba a todo el mundo perfecta, se acercó al bosque, se apostó frente a él al completo y dijo:

-¡Tú!, ¡bosque de cuento!, quiero vivir aventuras misteriosas y no me lo estás poniendo fácil. Así que ahora mismo quiero que te vuelvas misterioso. Ya sabes, entorna las ramas, frunce las hojas y ya estás quitándote esos pájaros cantarines de las copas de los árboles.

-(El bosque) ¿Qué…?

-¡Ah!, por cierto no sabrás por dónde queda Castillo Encantado s/n, cerca de la Av. de los Héroes Caídos por Dragones. Es que soy malísimo para las direcciones.

-(Bosque) Mira, haremos unas cosa, yo te digo dónde queda y tu me dejas en paz, que me quedan sólo trescientos nueve años para jubilarme ya le he echado el ojo a una colina soleada en Florida.

Disfrutó del paseo, poca luz dejaban pasar los frondosos árboles, le gustó. Esa tímida penumbra le estuvo observando todo el camino, era la primera vez que veía a un senderista que disfrutaba realmente de lo que estaba viendo. Además ese individuo era inquietante, parecía que estaba allí solo de camino; ella, la penumbra, sabía que iba hacia aquel lugar y decidió mostrarle lo más hermoso de sus entrañas para hacerle más fácil el caminar y acallar, si cabe, la voz que llamaba al senderista.
Pero no lo consiguió, se esforzó la penumbra, pero se equivocaba como la paloma. Perdió y él llegó a la frontera del bosque.

Le gustó lo que vio. La verdad, no me voy a parar a describir aquella colina verde azulada rodeada por el borde del bosque con un pequeño altar en la cima.

Inquietado por aquella visión, no sintió miedo, no salió corriendo. Todo lo contrario, avanzó impulsado por algo que tiraba de él y le llevaba hasta aquel altar. Se quedó sin aliento al llegar a la cima y respirar el aire que le rodeaba. Le atrajo la vela, las hojas de laurel sonrieron al verle y las tallas le señalaban el lugar.

Agarró la magia echa forma con la mano derecha, ella se lo pedía. y se marchó de aquel lugar.
 


Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: