Titan VI

22 02 2007

La tarde proponía lluvia, pero un par de llamadas dejaba entre ver una luz al final del túnel. Más que por las palabras, la conversación se adivinaba por los gestos de los interlocutores. Y al caer la noche, la noticia volaba de boca en boca: De los cinco seleccionados para ir a la gestora central de todo el comercio interplanetario, dos iban a ser de la colonia Titán VI.

Titán VI era un planeta famoso por ser la cuna de muchos imperios comerciantes que habían salido de vez en cuando a lo largo de la historia de la colonia. Aunque no era muy extensa, con sus apenas dos mil cuarenta y ocho hectáreas, no contaba con más de veinte mil habitantes. Como muchos dicen, la especialización es lo que tiene. Don de gentes, capacidad comunicativa, guardar siempre un as en la manga. Parecía que esas capacidades estaban grabadas a fuego en los genes de aquellas gentes. Una raza a parte podría decirse. Aunque de vez en cuando, por obra de las mutaciones y demás caprichos de la naturaleza, salía algún individuo con ciertos problemas para el trabajo en grupo, “estrella” se les denominaba.

En la oficina la noticia corrió como un electrón en un acelerador de partículas. Muchos aspiraban a tal honor pero pocos eran los elegidos. Y nuestro comerciante se quedó en aspirante. Dos amigos y compañeros fueron elegidos. Se le quedó muy mal sabor de boca, estuvo con ellos en todo el proceso de selección. Trabajaban juntos desde hacía ya casi dos años, y la posibilidad de dejar de aprender lo que ambos sabían era algo que le quitaba parte del sueño nocturno.

Pero no podía desearles más que sus mejores deseos y esperar a la próxima convocatoria.





Un año más.

31 12 2006

Y qué año.

Se acaba este año 2006. Advierto que voy a caer en un tópico. Y es que va a ser un año muy difícil, sino imposible, de olvidar. He hecho muchas cosas en estos 365 días. Pero no solo, he pasado muy buenos ratos con un montón de gente y hemos hecho muchas cosas juntos.

En especial, junto a la peña de la asociación universitaria de la que soy Secretario: El Club .NET de la Universidad de Sevilla. A saber:

-          Casi una charla por semana sobre tecnología, aprendiendo y enseñando cosas a nuestros compañeros de la Escuela.

-          Hemos ido por los institutos de módulos de informática dando esas mismas charlas.

-          Participado en un motón de eventos de Microsoft.

-          Y aunque no me gusta fardar del tema como ya sabéis, tres compañeros y yo, ganamos la final Española del concurso Imagine Cup de Microsoft. Lo que nos valió un viaje a la India a representar a España a la final mundial.

Además, por fin, terminé la carrera: Ingeniería Técnica de Informática de Sistemas. Y como me gustó el tema, pues ahora estoy matriculado en la Ingeniería Superior. Me gusta la facultad, la gente y las cosas que hacemos allí. Quedan muchos eventos en los que participar y charlas por dar.

Por último y no menos importante, he conocido a la mujer de mi vida. El día cuatro de Enero hacemos ya seis meses juntos. La verdad, no esperaba encontrar a nadie como ella, y apareció.  Ahora mismo no puedo encontrar ningún momento de esa relación que no haya sido perfecto, y dudo ahora mismo que lo vaya a encontrar. Sólo puedo decir que quiero seiscientos-seis meses más.

Un beso a todos, y desearos que este año que entre sea igual o mejor que el año que se va.





Una estación.

17 10 2006

Una bruma tambaleante y sudorosa se arrastraba por los andenes de aquella estación. No había pasado mucho, más bien nada. Con la media sonrisa típica de un tipo que acaba de enterarse de una buena noticia. Apoyado en una columna que sustentaba el techo de la vieja estación vio cómo la vía solitaria le decía: “No chico, todavía queda”

Sin dejar de sonreír encendió el primer cigarrillo de la cajetilla de tabaco que acababa de comprar. “Algún día lo dejaré” se decía, pero lo cierto era que estaba muy enganchado, lo que hizo que anduviese a las afueras del recinto con una tos seca a sus espaldas, más lúgubre que de costumbre por la resonancia del lugar.

Se unió a la bruma exhalando el humo de aquel cigarro, sin querer oír la tos que le perseguía. La alegría llenaba su cuerpo, y como loco empezó a reír en solitario en la oscuridad. “No chico, todavía queda”, su respuesta: “No tengo mucho interés en volver a verte vieja estación” resonó en el eco de una bruma tambaleante y sudorosa que se arrastraba por los andenes ….





Uno más

4 10 2006

Hace mucho que dejé de ser un niño, pero hace muy poco que empecé a ser hombre. No soy más que ese hombre que juega a ser un niño entre las miradas de mujer que juega a ser niña poniendo voces, mientras mira al suelo simulando estar enojada en busca de atención.

Esa atención que se me cae del sombrero cuando cruzo la puerta y estás ahí esperando a que llegue.

Y cuando nos vayamos no tienes que traer gran cosa, como alguien dijo una vez:

A menudo me pregunto porque,
siempre que me besas me deshago
ni la distancia ni el tiempo es un precio,
por vivir encadenado a tus labios,
porque soy como un huracan vendido al peso,
soy como los brazos sin las manos.
Qué puedo hacer si no estas 
aparte de escribir de ti
y gritar tu nombre contra el viento.
Como único equipaje quiero que traigas tus labios.
Jugar entre rasos blancos a rozarte con las uñas.
Esconderme entre tus piernas, seré tu ropa interior.
A ver quién grita mas fuerte, quién hace mas daño a quien.
Muerde bien y no me sueltes, dame un poco de dolor.
Pues tu sabes que esa es mi única afición
y gritar tu nombre contra el viento.





De profesión aprendiz. (IX)

21 06 2006

Definitivamente, no era un aprendiz. Llevaba tiempo demostrándolo, pero tuvo que esperar al momento idóneo. Todo fue un éxito. Como suele ocurrir, alguien se interesó, pero debía esperar si quería asentar algún acuerdo y llegar a un compromiso por ambas partes. Había mucho de lo que hablar.

Ahora lo que le preocupaba era la segunda parte del plan. Había conseguido subsanar algunos problemas que habían surgido. Como siempre no eran problemas cuyas soluciones aparecían en su libro. Lo que el texto no sabía es que tuvo un buen maestro (cierta persona diría: Y una mierda, tuviste al mejor.)

Así que salió airoso de la situación.

Era momento de ponerse en camino hacia un posible destino que se habría ante él.

Se reencontraría con antiguos amigos, esperemos que no entorpezcan el destino que andaba buscando. Así que repasó el libro por última vez antes de partir, lo cerró y se puso en camino.

Sólo era cuestión de tiempo.

El tiempo se resbaló, pareció tropezar con algo llamado reloj, y el momento llegó.

La cosa ocurrió muy rápido, demasiado.Estaba ante la puerta. La marca que le dejó la cueva en el hombro empezó a latir.

Decidió mandar una señal para despistar a la guardiana.

Pareció funcionar, pero nada más verlo, todo el plan se fue por el desagüe. Estaba preparado para el éxito o el fracaso. La indiferencia tomó la forma de la Lanza de Longinos. No, pocos están preparados para eso.

Agarró la lanza, intentó luchar, pero no pudo. Su maestro no estaba con él, no sabía que hacer. Ahora estaba sólo, confiaba demasiado en si mismo, iba seguro, lo esperaba todo fracaso o éxito, pero no indiferencia. No, nadie lo esperaba.

¿Dónde estas, maestro qué hago ahora?¿Es que no he terminado aún?

La agonía se hizo luz negra, y se fue apagando. De rodillas y temblando en el suelo, vomitó. Se iba apagando la luz.

Lentamente, sus fuerzas se esfumaban también. Su sudor se transformó en un charco a su alrededor, hasta tal punto que le pareció ver el rostro de su maestro en el reflejo.

Una mirada seria, no de enfado, más bien la mirada con la que un padre observa al hijo mientras éste … se cayó.

Lo último que sintió fue el sabor del suelo sucio.





De profesión aprendiz. (VIII)

17 06 2006

Después de un momento sintiendo las miradas curiosas de sus espectadores y sabiendo que podía hacerlo mejor, no lo dudó. Sólo esperó el momento oportuno y lo sacó. Su zurrón sucio y seco abrió su boca de forma mecánica.

Tuvo que tirar un poco, se resistía a salir. El libro surgió, apareció, como por deseo de su portador. El surgir de aquel conjunto de hojas pareció acompañado del sonido que hace el vacío generado por una boca y un dedo con malas intenciones.

Y allí estaba.

Era lo único que podía hacer para aliviar el stress que sentía. Después de tanto tiempo, de bar en bar, enterándose de cómo podría llegar al lugar, se vio atrapado en aquel sitio, y ahora no estaba seguro de poder estar allí en el momento justo.

 Buscó y buscó entre aquellas páginas la posible solución, pero como nuevo NO aprendiz que era, sabía que tendría que usar todo su ingenio para poder cumplir su cometido. Tenía que jugar bien esta partida, si no, no habría servido de nada todo el esfuerzo puesto en aquel día.

Se le estaba acabando el tiempo y debía ponerse en marcha. Se había dado cuenta, tarde como siempre, en que no bastaba con llegar, debería hablar con algunos que le ayudasen. Era demasiado para un novel. Su antiguo maestro se lo dijo, y él le respondió:

-         Me enseñaste bien, y lo sé. Esta previsto.

Debería salir bien, un plan en tres pasos nunca falla, o eso le decía su maestro.

Pero debían ser sólo tres, uno más o uno menos y aparecen lagunas. Ni siquiera múltiplos, no. Eso lo decía en el libro y la experiencia.

Y bueno, en marcha se puso. Ya estaba en camino, tras parar un poco para comer algo, se hizo de noche. Se rodeó con otros viajeros a los que tenía que engañar. Una pena, no eran mala gente, pero debía hacerlo.

Como quedaba mucho por llegar decidió integrarse y hablar de los temas que se suelen discutir en tales circunstancias. Como comunidad improvisada, tenían que compartir el tiempo, y quizás sus libros.

Así que lo cedió, y lo dejó ojear a la vez que aceptaba otro.

Tras un momento tuvo que pedir otro, le dañó lo más profundo de su retina al ver una B donde debía ver una V.

La noche fue larga y sonora. A caballo entre botella de ron y de cerveza. Sin perder la templanza, nuestro NO aprendiz consiguió dormir. Estaba bastante descansado, y con fuerzas suficientes como para volver a abrir su zurrón.

Se encontraron con maestros de verdad, y por arte del destino acabaron compartiendo el camino. No recordaba ninguna cara de la última vez. Pero esta vez eran los maestros los que deberían preguntarle a él por haber conseguido subir de nivel.





De profesión aprendiz. (II)

30 05 2006

La entrada suspiró, y dejó pasar al dueño de todo aquello. La pregunta de siempre:

-         Buenos días, ¿Qué tal?

Y por supuesto, la respuesta de siempre:

-         Jodido. Je,je.

 

“No por mucho madrugar amanece más temprano”, esa fue una de las cosas que nuestro maestro no le había enseñado todavía a nuestro aprendiz. Sólo le había mostrado todo lo que tiene que estar preparado para cuando él llegase. Orden, limpieza, claridad y una rauda respuesta a la primera llamada de la puerta.

Todo empezó como un día cualquiera. El maestro Vago se sentó en su sitio, pulsó un botón y como siempre, la voz baja, rezumaba sabiduría mientras decía: ¡Grabando!

Todavía no sabía muy bien de qué era aprendiz el muchacho, no pensaba que en aquella habitación podían ocurrir cosas como las que veía, pero su ataraxia no le dejaba sorprenderse por todo lo que veía.

Su trabajo consistía, por ahora, en hacer tres cosas muy simples:

-         Tenerlo ordenado para cuando su maestro llegase

-         Abrirle en el momento en que llegara.

-         Quedarse sentado mirando lo que hacía.

Unas tareas algo repetitivas, a simple vista, pero la mejor de todas era la última. Era la única que no era mecánica. Cada día era diferente, cada día parecía que la entropía jugaba a la ruleta rusa con su maestro en el momento en que pulsaba el botón.

Siempre se iba a la cama con su cerebro un poco más hinchado, el resultado de aquellos juegos de azar quedaba grabado a fuego en su cráneo y durante la noche echaba raíces hasta su subconsciente.

Pronto llegaría el día que maestro y aprendiz estaban esperando.





De profesión aprendiz. (I)

10 05 2006

Llegó como siempre, antes que su maestro, no poco. Es decir, no llego poco antes que él. Tuvo tiempo de hacer lo que se suponía que debía hacer. Siempre antes que llegase. Sin vacilar. Hacía tiempo que sabía en qué gastar el tiempo nada más llegar a aquel lugar.

Sólo un momento de descanso, un segundo en el que apareció un grillo por detrás del vaso de leche que dejó la noche anterior el que aún no había llegado.

Se sorprendió como se sorprende alguien que buscando un bolígrafo, encuentra el lápiz que andaba perdido el día anterior.

Las miradas de aprendiz y grillo se cruzaron. Ambos se quedaron quietos, el aprendiz dijo en voz baja:

-         Perdone.

Y el grillo pareció decir con las antenas:

-         Perdóneme usted.

Y sin más “conversación”, cada uno siguió su camino por aquella habitación oscura, que se iluminaba a la vez que el sol iba escalando la colina verdosa que servía de cimientos al pueblo.

No era amigo de las luces artificiales nuestro aprendiz. Una lección interesante aquella de:

“Si un maestro no tiene tiempo entre el alba y el ocaso de hacer lo que debe, mal aprendiz fue”

El maestro de esta historia, era de los buenos aprendices. Y siempre le sobraba tiempo tras hacer lo que debía. Por tanto, podía permitirse el lujo de despertarse algo más tarde que el sol, maestro por excelencia.

Y es que se dice que el sol fue, es y será el primer maestro por toda la eternidad. Hasta que él no empiece su trabajo, los maestros menores no pueden hacer nada. Pero los aprendices están para facilitar el trabajo de sus superiores, esta es la razón por la que nuestro aprendiz está antes que el maestro en su puesto.

Hasta tiene tiempo de sentarse y leer un poco. Hasta que …

El maestro llama a la puerta y ésta espera a ser abierta desde dentro.