La tarde proponía lluvia, pero un par de llamadas dejaba entre ver una luz al final del túnel. Más que por las palabras, la conversación se adivinaba por los gestos de los interlocutores. Y al caer la noche, la noticia volaba de boca en boca: De los cinco seleccionados para ir a la gestora central de todo el comercio interplanetario, dos iban a ser de la colonia Titán VI.
Titán VI era un planeta famoso por ser la cuna de muchos imperios comerciantes que habían salido de vez en cuando a lo largo de la historia de la colonia. Aunque no era muy extensa, con sus apenas dos mil cuarenta y ocho hectáreas, no contaba con más de veinte mil habitantes. Como muchos dicen, la especialización es lo que tiene. Don de gentes, capacidad comunicativa, guardar siempre un as en la manga. Parecía que esas capacidades estaban grabadas a fuego en los genes de aquellas gentes. Una raza a parte podría decirse. Aunque de vez en cuando, por obra de las mutaciones y demás caprichos de la naturaleza, salía algún individuo con ciertos problemas para el trabajo en grupo, “estrella” se les denominaba.
En la oficina la noticia corrió como un electrón en un acelerador de partículas. Muchos aspiraban a tal honor pero pocos eran los elegidos. Y nuestro comerciante se quedó en aspirante. Dos amigos y compañeros fueron elegidos. Se le quedó muy mal sabor de boca, estuvo con ellos en todo el proceso de selección. Trabajaban juntos desde hacía ya casi dos años, y la posibilidad de dejar de aprender lo que ambos sabían era algo que le quitaba parte del sueño nocturno.
Pero no podía desearles más que sus mejores deseos y esperar a la próxima convocatoria.
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