Desde que he vuelto hay un lago. En las hileras de cemento sembradas con árboles que hay que podar cada tres años que se usan de parking. Parece que en cualquier momento va a surgir la dama de lago empuñando a Excalibur acompañada del movimiento perfecto simple y compuesto que el viento inflige al agua.
Marrón de noche, amarilla de día. Transparente cuando emana del grifo, el agua, líquido de la vida para unos, cesta de enfermedades para los millones de desafortunados que habitan el planeta. No doy crédito a creer que todos descendemos de ella y habitamos un mundo que a bastante a menudo se nos hace difícil.
Pero, creo que mejor será que volvamos al lago.
se te va pero de verdad… :p
Encontrar su lugar es, y será siempre una de las tareas más importantes del ser humano.
Bienvenido?