Muchas son las tardes que se pasan sin hacer nada. Y sin hacer gran cosa estoy hoy. Como otros tantos días de mi vida, con mi cigarro frente al ordenador, intentando escribir algo. No sé que pasa.
Se está fraguando una lucha interna, no se muy bien ni cuales ni cuántos son los bandos, qué pueden perder cada uno de ellos, ni mucho menos se qué es lo que podrían ganar,
Quizás el control epiléptico de mi mente últimamente taciturna con espasmos de felicidad. Proporcionada esta última por algunos gestos amables, posibles nuevas experiencias y aventuras que se me antojan idílicas.
Girando el gaznate hacia el suelo cuando nadie me observa, dejando la mirada perdida sobre el blanco hiriente de este texto, buscando algo con cuerpo que poder describir con los pocos recursos literarios que dispongo en mi cabeza de chorlito.
Y no encuentro nada que haga de mi persona una mente viva, audaz e interesante para las retinas por las que suelo pasar.
Otra colilla más humeando en el cenicero.
Y el zumbido a mi alrededor de mis compañeros de silicio, plástico y algún que otro componente más de la élite…
Vaya, buscad “elite” en http://buscon.rae.es/diccionario/drae.htm
Una palabra esdrújula que el Word subraya en rojo si la escribo con tilde, y sin embargo puede escribirse de ambas formas.
Aquí tenéis la prueba de la falta de recursos que tengo.
… me acompañan con su murmullo incesante mientras un ejército de mosquitos intenta atravesar la ventana que … ¿porqué esta abierta?
Maldita sea.
Y otro palo incandescente llevo a mi boca, acaricio el encendedor mientras van flotando las palabras de mi cabeza a mis dedos, y los electrones me las devuelven para ver como queda sobre este pálido y ardiente fondo.
Ayer te mangué el mechero. El lunes compro uno y te doy el tuyo. Sorry
En una lucha interna siempre te ganas a tí mismo.