Mi relación con las mujeres.

30 06 2006

Mi relación con las mujeres es como una película de Woody Allen. Enemigo acérrimo de la Liga, en concreto de su más grande representante: Gay-man

A ese malditojudiohijodeperra no se le ha ocurrido otra cosa que ponerme un satelite de la liga de baseball para que me espíe y encontrar fuente de inspiración para sus largometrajes. Si si, muy gracioso, muy gracioso, hasta que te das cuenta de que es tu vida lo que esta pasando por esa pantalla. Mi hermana lesbiana, su novia también, y la cuñada que no es lesbiana pero no me hecha ni caso. Empiezo a pensar que la liga de baseball está formada sólo por lesbianas.
A partir de ahora sus peliculas me dan mucho miedo.





El rally del Sahara

29 06 2006

Extracto de: Los ojos del tuareg

Por: Alberto Vázquez-Figueroa

- ¿Y odiando a los musulmanes se embarca en una aventura que atraviesa seis países habitados casi exclusivamente por musulmanes? Sinceramente, no lo entiendo.

- No hay nada que entender. Los fascistas, los integristas y los nacionalistas recalcitrantes no son más que una cuadrilla de enfermos mentales a los que algo les falla en el cerebro. Resulta evidente que no se puede serun vándalo extremista si tus neuronas funcionan con una cierta digamos “normalidad”.

- Fascista y majadero vienen a significar lo mismo, quizá con la única diferencia de que el majadero suele ser inofensivo, y ese hijo de perra parece que no lo es.

- Cínico es el que se atreve a decir sin pensar lo que los otros piensan pero no se atreven a decir…





El sentido de la vida.

29 06 2006

Perdonenme si peco de querer hacer un mundo mejor.

Pero no quiero tener el sentido de la vida anulado por no vivirla.

Esto es, darla por y para los demás.





A mis abuelas

26 06 2006

Entre la felicidad y el llanto,

entre el límite de lo frágil e inócuo,

más allá de la dureza de una cordillera,

justo en el punto medio.

 

Sujeto tus manos y tiemblo.

Acojo tu mirada y tiemblo.

Mezo tu risa y tiemblo.

Leo tus arrugas y tiemblo.

 

Pienso que te quiero tanto,

siento que soy parte de ti,

se que eres parte de mi.

Sabes que moriría por ti.

 

Las tardes en tus rodillas no las olvidaré.

Los besos que me das te los cambio

por los que escapan de mi corazón.





De profesión aprendiz. (IX)

21 06 2006

Definitivamente, no era un aprendiz. Llevaba tiempo demostrándolo, pero tuvo que esperar al momento idóneo. Todo fue un éxito. Como suele ocurrir, alguien se interesó, pero debía esperar si quería asentar algún acuerdo y llegar a un compromiso por ambas partes. Había mucho de lo que hablar.

Ahora lo que le preocupaba era la segunda parte del plan. Había conseguido subsanar algunos problemas que habían surgido. Como siempre no eran problemas cuyas soluciones aparecían en su libro. Lo que el texto no sabía es que tuvo un buen maestro (cierta persona diría: Y una mierda, tuviste al mejor.)

Así que salió airoso de la situación.

Era momento de ponerse en camino hacia un posible destino que se habría ante él.

Se reencontraría con antiguos amigos, esperemos que no entorpezcan el destino que andaba buscando. Así que repasó el libro por última vez antes de partir, lo cerró y se puso en camino.

Sólo era cuestión de tiempo.

El tiempo se resbaló, pareció tropezar con algo llamado reloj, y el momento llegó.

La cosa ocurrió muy rápido, demasiado.Estaba ante la puerta. La marca que le dejó la cueva en el hombro empezó a latir.

Decidió mandar una señal para despistar a la guardiana.

Pareció funcionar, pero nada más verlo, todo el plan se fue por el desagüe. Estaba preparado para el éxito o el fracaso. La indiferencia tomó la forma de la Lanza de Longinos. No, pocos están preparados para eso.

Agarró la lanza, intentó luchar, pero no pudo. Su maestro no estaba con él, no sabía que hacer. Ahora estaba sólo, confiaba demasiado en si mismo, iba seguro, lo esperaba todo fracaso o éxito, pero no indiferencia. No, nadie lo esperaba.

¿Dónde estas, maestro qué hago ahora?¿Es que no he terminado aún?

La agonía se hizo luz negra, y se fue apagando. De rodillas y temblando en el suelo, vomitó. Se iba apagando la luz.

Lentamente, sus fuerzas se esfumaban también. Su sudor se transformó en un charco a su alrededor, hasta tal punto que le pareció ver el rostro de su maestro en el reflejo.

Una mirada seria, no de enfado, más bien la mirada con la que un padre observa al hijo mientras éste … se cayó.

Lo último que sintió fue el sabor del suelo sucio.





De profesión aprendiz. (VIII)

17 06 2006

Después de un momento sintiendo las miradas curiosas de sus espectadores y sabiendo que podía hacerlo mejor, no lo dudó. Sólo esperó el momento oportuno y lo sacó. Su zurrón sucio y seco abrió su boca de forma mecánica.

Tuvo que tirar un poco, se resistía a salir. El libro surgió, apareció, como por deseo de su portador. El surgir de aquel conjunto de hojas pareció acompañado del sonido que hace el vacío generado por una boca y un dedo con malas intenciones.

Y allí estaba.

Era lo único que podía hacer para aliviar el stress que sentía. Después de tanto tiempo, de bar en bar, enterándose de cómo podría llegar al lugar, se vio atrapado en aquel sitio, y ahora no estaba seguro de poder estar allí en el momento justo.

 Buscó y buscó entre aquellas páginas la posible solución, pero como nuevo NO aprendiz que era, sabía que tendría que usar todo su ingenio para poder cumplir su cometido. Tenía que jugar bien esta partida, si no, no habría servido de nada todo el esfuerzo puesto en aquel día.

Se le estaba acabando el tiempo y debía ponerse en marcha. Se había dado cuenta, tarde como siempre, en que no bastaba con llegar, debería hablar con algunos que le ayudasen. Era demasiado para un novel. Su antiguo maestro se lo dijo, y él le respondió:

-         Me enseñaste bien, y lo sé. Esta previsto.

Debería salir bien, un plan en tres pasos nunca falla, o eso le decía su maestro.

Pero debían ser sólo tres, uno más o uno menos y aparecen lagunas. Ni siquiera múltiplos, no. Eso lo decía en el libro y la experiencia.

Y bueno, en marcha se puso. Ya estaba en camino, tras parar un poco para comer algo, se hizo de noche. Se rodeó con otros viajeros a los que tenía que engañar. Una pena, no eran mala gente, pero debía hacerlo.

Como quedaba mucho por llegar decidió integrarse y hablar de los temas que se suelen discutir en tales circunstancias. Como comunidad improvisada, tenían que compartir el tiempo, y quizás sus libros.

Así que lo cedió, y lo dejó ojear a la vez que aceptaba otro.

Tras un momento tuvo que pedir otro, le dañó lo más profundo de su retina al ver una B donde debía ver una V.

La noche fue larga y sonora. A caballo entre botella de ron y de cerveza. Sin perder la templanza, nuestro NO aprendiz consiguió dormir. Estaba bastante descansado, y con fuerzas suficientes como para volver a abrir su zurrón.

Se encontraron con maestros de verdad, y por arte del destino acabaron compartiendo el camino. No recordaba ninguna cara de la última vez. Pero esta vez eran los maestros los que deberían preguntarle a él por haber conseguido subir de nivel.





De profesión aprendiz. (VII)

12 06 2006

Recogió la antorcha improvisada, volvió a agacharse y escudriñó la oscuridad de la caverna. El tropiezo le dejó la marca tan famosa de aquel lugar en su brazo izquierdo. Dolorido siguió el camino a gatas. El techo no le dejaba andar al paso normal.

Pronto se haría de noche, debía salir de allí si quería ser Rey. Pendía de un hilo, su vida y todo su trabajo. No iba a dejar de luchar, por muy solo que estuviera.

Siguió gateando.

Nunca había visto tantos insectos juntos, y mucho menos de aquel tipo. En realidad, de tantos tipos. La afasia que le envolvía de vez en cuando sólo le permitía susurrarle al viento, pero nadie podía oírle, tan solo los animales que se acercaban a él curiosos sabían que estaba allí, y el porqué.

Gracias a los dioses no era claustrofóbico, y pudo sobrellevar aquel trote sobre afilados guijarros y bajo un cielo de húmedas estalagmitas con cierta dignidad. Propinaba varías barbaridades cada vez que algún bicho se acercaba a su cara más de lo estipulado en la convención de Ginebra. Dejando entreoír que todavía no estaba derrotado, y mucho menos muerto.

Los espectadores asentados a la puerta de aquel lugar no se explicaban de dónde sacaba las fuerzas para lanzar semejantes improperios. Incluso los árboles se estremecían al ver entrar el aire en la cueva, vaticinando la próxima oleada de chirriantes insultos. Parecía que llevaban sus ramas a unos oídos invisibles pero toscos como la corteza de aquellos alcornoques. Se decían unos a otros: -“¡Que alguien le corte la alimentación al amplificador de la montañita de las raíces…!¿¡ Joder!?”.

Pero nadie se hizo eco de la frase. De hecho, ninguno de los allí presentes conocía el antiguo, milenario e impresionante lenguaje del alcornoque. No por no haber estudiado, sino porque a un ministro se le ocurrió remodelar los planes de estudio hacía ya un tiempo, mucho tiempo. Esto era sólo uno de tantos síntomas que hacía ver cómo se iban perdiendo las buenas costumbres y la cultura.

Otro de los síntomas era que nuestro protagonista no entendía que lo que los bichos estaban haciendo era guiarle hasta la puerta de aquel sitio. No por cortesía, sino porque había estropeado el almuerzo a varias familias de las allí reunidas.

Esto último tampoco lo sabían afuera, en la colina.

Al fin, tras más de media hora y cuarto segundo de arrastrase, ensuciarse y golpearse, salió. Asomó la cabeza y no vio a nadie. Pero sentía miradas curiosas y oídos doloridos.





No miréis

6 06 2006

No miréis al cielo nunca, esperando hacer fortuna.

Las luces de la ciudad os impedirán ver la luna.





No abuses de mi inspiración

2 06 2006

Con permiso del gran Joaquin Sabina. 

 

Este adiós no maquilla un hasta luego.

Este nunca no esconde un ojalá.

Estas cenizas no juegan con fuego.

Este ciego no mira para atrás.

Este notario firma lo que escribo.

Esta letra no la protestaré.

Ahórrate el acuse de recibo.

Estas vísperas son las de después.

A este ruido, tan huérfano de padre,

no voy a permitirle que taladre

un corazón podrido de latir.

Este pez no muere por tu boca.

Este loco se va con otra loca.

Estos ojos no lloran más por tí. 





Entre estrellas de neón.

1 06 2006

Muchas son las tardes que se pasan sin hacer nada. Y sin hacer gran cosa estoy hoy. Como otros tantos días de mi vida, con mi cigarro frente al ordenador, intentando escribir algo. No sé que pasa.

Se está fraguando una lucha interna, no se muy bien ni cuales ni cuántos son los bandos, qué pueden perder cada uno de ellos, ni mucho menos se qué es lo que podrían ganar,

Quizás el control epiléptico de mi mente últimamente taciturna con espasmos de felicidad. Proporcionada esta última por algunos gestos amables, posibles nuevas experiencias y aventuras que se me antojan idílicas.

Girando el gaznate hacia el suelo cuando nadie me observa, dejando la mirada perdida sobre el blanco hiriente de este texto, buscando algo con cuerpo que poder describir con los pocos recursos literarios que dispongo en mi cabeza de chorlito.

Y no encuentro nada que haga de mi persona una mente viva, audaz e interesante para las retinas por las que suelo pasar.

Otra colilla más humeando en el cenicero.

Y el zumbido a mi alrededor de mis compañeros de silicio, plástico y algún que otro componente más de la élite…

Vaya, buscad “elite” en http://buscon.rae.es/diccionario/drae.htm

Una palabra esdrújula que el Word subraya en rojo si la escribo con tilde, y sin embargo puede escribirse de ambas formas.

Aquí tenéis la prueba de la falta de recursos que tengo.

… me acompañan con su murmullo incesante mientras un ejército de mosquitos intenta atravesar la ventana que … ¿porqué esta abierta?

Maldita sea.

Y otro palo incandescente llevo a mi boca, acaricio el encendedor mientras van flotando las palabras de mi cabeza a mis dedos, y los electrones me las devuelven para ver como queda sobre este pálido y ardiente fondo.