Hoy he vuelto mis ojos al cielo durante un momento. He podido distinguir un par de estrellas mientras la buscaba. Y allà estaba. No estaba totalmente seguro de si esa punzada que sentÃa en mi nuca era por sus miradas, pero sÃ. La pillé con las manos en la masa, justo en el momento en que intentaba esconderse tras una nube.
Nunca ha sido mi amiga la Luna, la verdad, no se muy bien porqué. Supongo que nunca nos han presentado debidamente.
Aunque nacà una octava noche de Octubre parece ser que ella estaba ocupada atendiendo otros asuntos y yo, como siempre, pasé desapercibido. Supongo que su tiempo se destila al designio de cosas más importantes, y a mi las bebidas alcohólicas tampoco me tiran mucho, asà que no le doy mucha importancia a ese astro al que de vez en cuando le cuento cosas.
No se si me escucha, pero bueno, ahà está, y como no tiene mucha libertad de movimiento tiene que aguantar mis retahÃlas, le guste o no.
Esta vez sabÃa que me estaba mirando, me vigilaba, y le dije: “¿Cómo va eso?â€? y en silencio me respondió a gritos: “Soy tuyaâ€?.
Al menos creo que fue eso lo que me dijo, no estoy muy ducho en lenguajes interplanetarios pero creo que fue algo asÃ. Me hice el duro, y le dije:
“Lo siento, pero hoy sólo me interesan tus estrellas, por lo menos me dan más conversación.�
Y cayó, se puso la chaqueta y se fue, en cuarto menguante.
Volvà a sentir su punzada cuando me fui a perder de su vista, me detuve, con el cigarro en la mano, y le dirigà una pequeña frase: “Siempre nos quedará un patio.�
No llego a entenderme muchas veces, pero no es mi noche.
La noche me recorre en el alma, ella gime en el cielo lejano, pulpa encendida de estrellas, Luna de sabor a Luna aderezada con algodón de nubes.
Hasta pronto Luna. Dios nos proteja.
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