En la oscuridad de tu primer sueño, tomaste tu primer soplo de aliento de las manos de una palmada en el pompis, y la viste. La que te era tu cuna, la que es tu primera visión y la que será tu cuna de aquí a un tiempo.
Has dejado de sentir su corazón, su calor, su alimento, pero no por mucho tiempo. Llorarás para que de vez en cuando te devuelva esos recuerdos. Y lo hará cada dos horas, recomendado por la mano amiga que te separó de tu madre.
Dios te ha puesto en el mundo por alguna razón. La primera que se me ocurre es llenar de alegría a una familia que te estaba esperando. Ahora estás bajo la lluvia, al igual que el mundo, pero no te preocupes, porque tienes paraguas de sobra.
Ahora eres pequeña, todavía no eres completa, pero el tiempo te ayudará y tus padres te sostendrán con cariño. Habrá buenos y malos momentos, no te engaño, pero créeme si te digo que merece la pena seguir adelante.
Cuando necesites algo pídelo, llora, no te cortes, alguien te escuchará, aún cuando crezcas.
Bienvenida al mundo Marta, mis mejores deseos para ti y tu familia.
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