Erase una vez un reino(II)

18 12 2005

La noche fue larga.

Nuestro protagonista navegó largo y tendido sobre las cosas que había hecho y dejado de hacer en su vida.
Empezó por su primer recuerdo.

Él tenía cuatro años, lo estaba celebrando en casa de su abuela materna. Y vió cruzar por la puerta de la casa a su abuelo, también materno, quien llevaba en el sepulcro dos años.
Parece curioso, pero ese es el primer recuerdo.

Pasó deprisa por la etapa del colegio, recordándola con añoranza y un olor a donuts de azucar que, aún no sabe porqué, impregnaba el aire de aquellos años. Y todavía hoy día, cuando degusta esos manjares se acuerda de esa época.

En el instituto se paró un poco más. El primer cigarro, la primera salida, la primera y última pelea, las tonterías  y desdichas que derrumbaban su mundo. Nunca llegó a entender porqué siempre amanecía al día siguiente. Curioso capricho de los astros ese de  seguir girando por muy crudo que le fuese al centro del universo, luego se enteró cómo funcionaba la gravedad y seguidamente conoció las leyes de la gravitación universal. -¡Esa gran hija de perra!- Se decía cada vez que se ponía el pijama.

La televisión comió el poco cerebro que podía tener. A decir verdad, de todas las cosas que ha perdido nuestro amigo, lo que menos hecha de menos es ese órgano vital. (Lo siento, tenía que soltarlo.)

Luego el primer beso, la primera novia, la primera vez…

Tuvo que empezar a coger las riendas de su vida, y su primer paso fue decidir a los 17 años de existencia, qué hacer con el resto de sus días.

¡Ver mundo, visitar todos los planetas que pueda!

Así que de cabeza a la academia de comercio.

Apenas se había aclimatado al cambio. Cuando de repente, esa chica con la que compartió más de un año de su existencia, decidió que él ya no era la persona de la que se enamoró. Adios.

Desde entonces, la academia fué su hogar. Una academia que parecía que sólo era para chicos, ya que no se veía mujer alguna, algo absurdo ya que la igualdad de sexos es algo que se superó hacía décadas.

Bueno, la cosa es que las chicas brillaban, literalmente, por su ausencia.

!Qué recuerdos¡ La de amigos que había hecho, y amigas… Un compañero, Ethan Crow, le dijo un dia: “Tio, no se porqué, pero Dios te ha regalado un don para con las mujeres. No se si te has dado cuenta, pero ¿te has fijado en que cada vez que conoces a una chica, te conviertes en alcalde de la zona de los amigos?”

Era cierto, tras pensarlo un poco, se dió cuenta.

Estuvo el resto de la noche dándole vueltas a ese don. Y es que otro compañero le dijo en su dia:
“Mira, a las mujeres les gusta tenerlo todo controlado. Y cuando salen con un amigo saben que no va a pasar nada, es decir, no va a haber ninguna encerrona ni nada. Así que hazte su amigo, habla con ella, comportate como tu eres, y si se enamora, pues .., alcaldesa = new NoviaToEnteraPaTi();, Pero recuerda se tu mismo”.

La conclusión despues de una noche sin dormir fué:

using Dones;

private class HowToGetANovia()
{
 
 private Amiga am;
 private Persona yo;
 void Main()
 {
  
 
  while(!am.Alcalde(yo) && am.SoloAmigo(yo))
  {

   yo.mismo();

   if(am.isTriste())
   {
    yo.escucha();
    yo.interesadoPorSusProblemas();
    if(am.pideConsejo())
    {
     yo.aconseja();
     while(!am.problemaResuelto())
     {
      yo.escucha();
      yo.aconseja();
     } 
    }
   }
   else
   {
    yo.cuentoAlgunChiste();
    yo.habla();    
   } 
  }

 }

}

 

Continuara…





Hoy no veo el final

18 12 2005

Todo se empieza y terminar al nacer el día. Otro dia igual, otra semana igual, otro mes igual. Y así va pasando el tiempo que me han dado.

Tengo la sensación de estar encerrado en un círculo de fuego, consume el aire que intento beber. No sé cómo he llegado aquí. Quizás mi falta de fe, quizás las ganas de ver una flor crecer. Debería empezar por sembrar una semilla para este último fin, pero por el amor de Dios, soy informático, no jardinero.

No se que hacer, pero pronto tengo que poner remedio a una situacion que se está alargando demasiado.

Han vuelto a abrirse las autopistas de cicatrices que tengo. Sabía que pasaría, y sigo sin acostumbrarme. Siempre han estado abiertas, y sigo sin acostumbrarme. Ni la sal del mar ni las bendas mejor puestas calman los escalofríos que siento cada vez que entro en lo que creo que es mi territorio sabiendo que en menos de una hora, las hordas de la intranquilidad invadirán mi amada soledad.

Ahora mismo a empezado el ataque, y tengo que dejar de aporrear este mísero invento del hombre. No os preocupeis, sé que sobreviviré, para un día contraatacar con todo lo que tengo.